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Jarlo Sancu.

1 de julio de 2017

Presencia demoníaca.

Pocas son las ocasiones en que tengo el gusto de encontrarme con algo como lo que a continuación compartiré con ustedes, pues esta historia me ha helado la sangre, cuando la leí por primera vez pude crear en mi mente el escenario atroz de aquellos que la vivieron, tuvieron que soportar. Y es que no todos los días, una entidad así se manifiesta.

¿Estás listo caminante? Comencemos.

"Presencia demoníaca"
Towanda.
2007
Santa Catarina, Nuevo León, México

Mi familia y yo vivimos una experiencia completamente paranormal, realmente fueron días enteros de pánico y terror. Mucha gente se dio cuenta de las penurias que pasábamos y lo vivieron junto con nosotros.

Hace algunos años mis dos hijos y yo vivíamos en una pequeña casa en Santa Catarina, no recuerdo en que momento comenzaron a suceder cosas extrañas, objetos cayéndose de repente; ventiladores que se encendían y apagaban solos; las llaves de agua de la regadera se abrían solas; incluso el cancel del baño se abría de manera estrepitosa, tanto así que un día simplemente se quebró. Todo se empezó a salir de control, la piel se erizaba en brazos y piernas, sentíamos como si hubiese alguien más entre nosotros.

Cierto día una sobrina llego de visita, entró al baño de lo más normal, pero al salir se encontraba muy seria, dijo temblando que unas uñas le habían acariciado la nuca, a la par que se había materializado una sombra junto a ella que posteriormente había entrado hacia la regadera.

Pronto aquella simple sensación de estar acompañados, se convirtieron en agresiones físicas, me empujaban de la cama mientras dormía; me arrojaban objetos: cuadros, sartenes, platos, etc. Llegando al punto en que cuando mis hijos se iban a la escuela, yo prefería quedarme sentada en los escalones fuera de mi casa, temerosa, impotente ante algo que no podía ver, cuanto menos controlar. El que considero como peor momento estando sola, fue cuando me encontraba limpiando la casa, pues mientras pasaba de la sala al lavabo, me di media vuelta encontrándome con que de manera repentina todos los cuadros se encontraban recargados en los sillones y en el suelo junto a la pared. Molesta los volví a colgar en su lugar, pero aquello estaba lejos de terminar. Esa misma noche estábamos acostados viendo una película de Harry Potter, mi hijo menor se encontraba entre su hermano mayor y yo, la pantalla estaba instalada en lo alto de la pared, de pronto vimos que algo paso frente a ella, intercambié una mirada con mi hijo, mientras nuestro perro "Fichas", comenzó a ladrar desesperado, viendo en dirección al lavabo, cuando nuevamente vimos a "esa cosa" pasar frente a nosotros, era enorme, desde el suelo hasta el techo; con su paso tapó la luz del lavabo, causando que nos viéramos paralizados, presas del pavor.

En ese momento recordé un episodio que días antes se había suscitado, había salido no recuerdo bien a qué, y de manera extraña la puerta principal se había cerrado "sola" con llave en el cerrojo, quedando yo afuera, mientras la veía por la ventana que la mecedora se movía sola. Eso me llenó de coraje y apenas pude entrar nuevamente fui directamente a patear la mecedora, que aún estaba en movimiento, exigiendo a gritos que se largaran de mi casa, tras lo cual paró de moverse.

Así pues, con más coraje que miedo, por lo que estaba sucediendo, tomé mi teléfono celular y le marqué a mi vecina "Blanca", contestó la llamada su esposo "Martín", al que llorando le dije que había alguien en mi casa; este me pregunto que si dentro o fuera. "Adentro", le contesté, "Algo malo está aquí".

No pasaron más de 4 minutos cuando pude escuchar a Blanca y Martín llamándome a gritos fuera de mi casa, aún no sé de donde tomé valor para pasar por dónde había visto aquella cosa, mi hijo pequeño seguía dormido así que corrimos el mayor y yo a abrir la puerta. Blanca traía una estatuilla de San Judas Tadeo entre sus manos, mientras que Martín sostenía un bote de agua bendita. Ella pasó al interior de la casa, mientras su esposo petrificado en el escalón y aseguraba asustado que no podía mover las piernas para dar el siguiente paso hacia adentro. Por fin Blanca lo ayudo a entrar, yo estaba preocupada por mi hiejo, tenía los ojos desorbitados y temblaba, mis vecinos recorrieron la casa arrojando agua bendita en cada rincón, mientras rezaban, al final me invitaron a pasar la noche en su domicilio, a lo cual me rehusé.

Blanca y Martín se retiraron pero casi al momento de su partida llegó a la casa un chico amigo mío, mismo que yo estimaba como un hijo más, le contamos lo sucedido, tras lo que comenzamos a rezar juntos, pero su rosario se despedazo en sus manos, no eramos capaces de terminar una oración; el teléfono de la casa sonaba aunque no había linea por estar cortado, movían el portón de la cochera y golpeaban la puerta principal. Aquella noche no pudimos dormir.

Al siguiente día, por la mañana nos dimos cuenta de que Fichas estaba herido, era como si lo hubieran atacado, enterrando algo en su cuerpo, tuve que llamar al veterinario para que fuera a revisarlo; aproveché su visita para desahogarme un poco y contarle lo que había sucedido, tratando de explicar también cómo es que mi perro se había lesionado de esa manera. Una vez que escucho lo que tenía por decir, él me dijo que pidiera ayuda, que no permitiera que algo que ni siquiera tenía cuerpo, me ganara.

Acabe por seguir su consejo, por lo que un amigo nos llevó al Santuario de la virgen de Guadalupe, como ultimo recurso en busca de ayuda, pues en ninguna iglesia cercana a mi casa fueron capaces de apoyarme, según parece, los párrocos estaban en un retiro "todos juntos", casualmente. En el santuario un sacerdote con sotana blanca me vió llorando inconsolable, al notar su presencia le pedía ayuda, contándole todo cuanto sucedía en mi casa, aquel hombre me dijo así como existe lo bueno, también existe lo malo; me tranquilizó y nos compartió una oración de "protección perpetua" para mi familia.

Cuando regresamos a la casa, me topé con una horrible sorpresa, parecía que mi recamara se había quemado, las paredes y el techo, incluido el ventilador, estaban negros, ahumados. Habíamos comprado unas medallas de San Benito antes de regresar y a mis hijos se les cayeron del cuello. No podía soportarlo más, le llamé por teléfono a mi hermana, la cual pronto llegó a la casa y atestiguo cuanto sucedía; tras ello, contactó a un grupo de alguna iglesia, los cuales fueron a exorcizar mi casa durante un ritual que se llevó a cabo durante tres días consecutivos.

En el tercer y último día, yo tenía una biblia en mi regazo, la cual sin que existiera una sola rafaga de viento, cambiaba sola de página; las personas que oraban me decían que leyera cualquier versiculo donde la biblia quedará abierta. Todos los objetos de la casa se movían de forma antinatural, los sillones, las cortinas, las cucharas, temblaban, el ambiente era estremecedor... y de pronto, sentí como si pasaran un velo que rosó mis piés. Se fue, lo sabía, lo había sentido. Grite a los cuatro vientos, feliz de haber vencido sobre aquel tenebroso mal. ¡Se fue!

En ese instante mi hermana comenzó a vomitar a arcadas, pero inmediatamente después, todo volvió a la normalidad, pero desde ese momento algo cambió en mí. Ahora cada que voy a algún lugar donde hay un ente rondando, puedo sentirlo, soy capaz de detectarlos, sentirlos, como si aquella maldición se hubiese convertido en un don.

Ya no vivimos en aquel lugar pero aquella terrorífica experiencia nunca podrá ser borrada de nuestros corazones, pues hemos visto al mal en persona, más sin embargo vencimos y hoy les digo que aquella oración de "protección perpetua" sí funciona.




No cabe lugar a duda de que "Towanda" tiene por mucho una de las experiencias más aterradoras que he escuchado, mientras me contaba su historia paró por unos momentos porque tal y como dijo: "Recordar es vivir" y aquello le perturbó en sobre manera, por ello le estoy enormemente agradecido, pues se atrevió a revivir aquel momento, para que pudiera compartirlo contigo caminante.

A pesar de que no soy un hombre de fe, les comparto la oración que nuestra amiga recibió, misma que asegura a ella le fue de gran ayuda.

"Benditas y alabadas hostias de Dios consagradas, que se han repartido en todos los templos, así se aparten de mí las malas horas, los falsos amigos, las lenguas murmuradoras y si alguna desgracia esta en contra mía, venga en viento y se la lleve a la región del olvido. Señor Jesucristo, hijo de Dios vivo, ten piedad y misericordia de mí. Amén."

Como lo he dicho no soy un hombre de fe, pero Towanda comparte este mantra, que quizás a ti pueda servirte alguna vez, mi querido caminante. Pero por ahora sólo queda finalizar con esta entrada, más sé que tú y yo seguiremos comunicando por medio de las palabras, mientras recorremos juntos los caminos al más allá.  

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