Colima, Colima, México.
Semana Santa del 2005.
El mundo está lleno de situaciones inexplicables e increíbles y de personas que afirman haberlas vivido. Pues resulta difícil para muchos de nosotros, creer que sucesos sobrenaturales sean reales más allá de relatos, películas u obras literarias de terror, ya que en esta época, aquello que carece de fundamento o bases científicas, tiende a ser tomado como patrañas, más aún, cuando han existido tantos timadores, que por llevarse unos centavos a la bolsa, es encargaron de volver comedia temas tan interesantes como lo son las manifestaciones paranormales.
Yo en algún momento fui escéptico, pero no es hasta que no se vive en carne propia una experiencia extra normal, cuando los cuestionamientos sobre lo que es verdaderamente posible o no, asaltan la mente. Es por ello que he de comenzar mi andanza, compartiendo la historia sobre la manera en que comencé a creer.
Tenía dieciséis años, me encontraba de vacaciones en compañía de mi madre y mis dos hermanos menores, habíamos llegado a la ciudad capital de Colima, donde reside la mayor parte de mi familia materna (si no es que toda en realidad). Pasamos la tarde visitando a cuanto pariente se le había ocurrido a mi mamá, pero al final fuimos recibidos como invitados en casa de su hermana mayor, mi tía Carmen, de la cual por cierto, no tenía el gusto de conocer siquiera, ni a su familia, ya que habíamos crecido muy distanciados de esa ramificación familiar, por causa de nuestra crianza en Guadalajara.
Parecía que mi tía Carmen se había puesto de acuerdo con mi madre para tener cada una a sus tres hijos casi a la par, por lo que entre mi prima Paulina y yo no había mucha diferencia de edades (yo soy un poco mayor por cierto), mientras que los otros dos primos Oscar y Andrea, casi coincidían en edad con mis hermanos Christian y Paola.
Mis tíos rentaban la planta baja de una casa dúplex, por lo que en el piso superior de la vivienda habitaba otra familia. Comenzaba a anochecer así que mientras mi tía y mi mamá preparaban la cena, yo había comenzado el ritual de presentación con mis primos, habiendo una afinidad casi inmediata con el introvertido Oscar, con el que entre bromas fui ganando su confianza. Una vez caída la noche, llegó mi tío Eduardo, el esposo de la tía Carmen. Todo iba relativamente bien, bromas, risas, pero por algún motivo el cual no recuerdo, mis tíos y mi madre comenzaron a hablar de experiencias paranormales que habían vivido durante su juventud, siendo quizá los más relevante y siniestro, el que mi tía confesara que durante años había sido acosada por una presencia maligna, que había arruinado parte de su vida; citando como ejemplo su fiesta de quince años, la cual a pesar de haber tenido todo dispuesto, por una cosa u otra no se pudo llevar a cabo; otro ejemplo que citó fue el asesinato de su primer esposo y padre de mi prima Paulina, quien salió una mañana a trabajar como cada día, pero al pasar junto a un indigente en la calle, este sin motivo alguno se levantó para apuñalarlo hasta la muerte, dejando a la pobre mujer viuda al cargo de su pequeña hija. Estos solo fueron algunos casos de los varios que citó para nosotros, mencionando siempre que antes de cada suceso, una presencia incomoda la acosaba durante noche previa a sus desgracias.
Pasaba de la media noche cuando terminamos la reunión en la sala, dónde por cierto decidieron quedarse mis tíos en un sofá cama, cediendo la habitación principal a mi madre, quien se acomodó en la gigantesca cama kingsize, acompañada de mis dos primas y mis hermanos; mientras que Oscar y yo nos quedamos en la habitación ubicada al frente de la de ellos, pues pensábamos continuar con la charla previa entre nosotros dos. Llevábamos cerca de tres horas platicando acerca de lo impresionante de las experiencias de su madre, cuando cerca de las tres de la mañana, nuestra charla posiblemente despertó algo que no debía ser llamado.
- ¿A todo esto, tú crees en Dios? - Le pregunté a mi primo.
- Creo que sí, digo no puedes creer en fantasmas si no crees primero en un ser superior.
- Pero yo creo más en el poder de la mente, somos capaces de crear muchas cosas, y basados en que somos energía pura y si la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma. ¿No es posible que esos fantasmas o seres sean personas que lograron materializar su energía después de la muerte?
- Puede ser. - Me respondió generando tras ello un mutismo de cerca de un minuto.
El aire se estaba volviendo de alguna manera "pesado", en ese entonces no me podía explicar el por qué de esa sensación, pero ahora resulta interesante pensar que precisamente esa sensación, se deba a que posiblemente la energía comienza a materializarse al rededor.
Ambos nos percatamos de ese estado extraño del ambiente, nuestra piel comenzó a erizarse, como si tuviéramos miedo de algo, pero no existía un solo motivo para que fuera así. Hasta que por fin, de mis labios salió una pregunta que imagino fue la que desencadeno todo lo que a continuación viviríamos.
- ¿Oye, y crees en el diablo?
No hubo tiempo de recibir una respuesta, pero estoy seguro de que ambos nos contestamos lo mismo después de aquella noche. Apenas intentaba Oscar decir su respuesta, cuando fuera de la habitación, en el pasillo entre las dos únicas recamaras de la casa que llevaba de la sala al patio de servicio, ambos escuchamos claramente una carcajada que al día de hoy, todavía me pone los pelos de punta con tan solo recordarlo.
Avanzó precisamente desde la sala donde se encontraban mis tíos, hacia el patio de servicio, en dónde nuevamente volvió a sonar con más fuerza la risa una y otra vez. Era un "Jiji" macabro, femenino pero vil. Retumbaba en nuestras mentes, parecía que el eco saltaba de un lado a otro en la habitación, nos encontrábamos petrificados; Oscar se había ocultado bajo las cobijas, mientras yo me limitaba a mover la cabeza hacia todas direcciones buscando encontrar la fuente del sonido que ahora se escuchaba en la misma recamara que nosotros. Parecieron horas las que ambos pasamos antes de poder reaccionar, cuando por fin recuperamos un poco del control sobre nosotros mismos, nos miramos a los ojos y le pregunté con la voz temblorosa.
- ¿Tú también lo escuchas?
- Sí. - Respondió sollozante mi primo.
Ahora eran carcajadas que parecían rodear la cama en que nos encontrábamos, no soportamos más ambos y gritamos pidiendo ayuda, era ilógico que nadie más en la casa se diera cuenta de lo que estaba sucediendo, cuanto más que las risas eran demasiado explosivas.
Gritamos una y otra vez pidiendo ayuda, hasta que mi mamá salió de la habitación de enfrente a la nuestra, e irrumpió abriendo la puerta.
- ¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué tienen?! - Exclamó preocupada.
- ¡Una bruja! - Respondimos sorprendentemente al unisono Oscar y yo.
En toda la noche no habíamos tocado un tema acerca de brujas, pero ambos parecíamos estar plenamente seguros de que se trataba de una. Antes de que mi madre siquiera pensara en hacer otra pregunta la carcajada volvió a resonar, esta vez mamá también la había escuchado, así que entró rápidamente a la cama poniéndose en medio de ambos, comenzando a proferir a los cuatro vientos una serie de rezos y oraciones que curiosamente funcionaron.
Poco a poco, las risas empezaban a desaparecer, pero antes de que todo quedará en aparente calma, unos pasos espeluznantes comenzaron a escucharse al pie de la cama junto a nosotros, no estaba seguro de si se dirigía hacia donde estábamos o se alejaba, pero me quedo claro después que se estaba retirando, pues repentinamente, mientras a lo lejos se escuchaba el cantar de un gallo, el televisor de la sala se encendió; era uno de esos aparatos que podían encender y apagar en determinados horarios, eran las seis de la mañana y el tío Eduardo lo programaba para ver las noticias antes de irse al trabajo. Entonces el acoso paró. Todos comenzaron a despertar tranquilamente, era como si ni siquiera nuestros gritos hubieran sido escuchados salvo por mi madre. Nadie había oído nada en toda la casa, pasamos tres horas de terror que honestamente no sentí y que no hubiera notado de no haber visto mi reloj unos instantes antes de hacerle a Oscar aquella ultima pregunta.
Por la mañana, todos se negaban a creer nuestra historia, pero nosotros sabíamos en nuestros corazones que aquello no nos dejaría en paz, por lo que con apoyo de mi madre, esa noche ella, Oscar, mis hermanos y yo, fuimos a casa de otro tío para intentar dormir. No fue sencillo, temía cerrar los ojos incluso durante el día, el pavor de abrirlos y llegar a ver la figura de aquel monstruo, que hasta ese momento solo había imaginado, me llenaba de terror. Pasaron varias semanas para que pudiera volver a pegar los ojos tranquilamente en la noche, imagino que mi mamá y Oscar pasaron por algo similar, pero nunca más volvimos a tocar el tema.
De todas las experiencias que la vida nos da, es nuestro deber extraer algún aprendizaje, y esa noche yo aprendí varias cosas, que más adelante quizá cambiarían o tomarían un contexto más maduro o razonable:
1. Eran reales, sí había sucesos paranormales.
2. Pensaría en decir que no creía en Dios en ese momento, pero vaya que llegué a creer en su contrario el Diablo, más no pude concebir a uno sin el otro, por lo que determiné que era posible que ambos existieran, pues no hay bien sin mal, luz sin oscuridad.
3. Hay que tener fe de que ninguna tribulación dura para siempre, por más interminable que aparente ser; aprendí a respetar las 03:00 de la madrugada y así como también aprendí a amar las 06:00 de la mañana. Pues no lo sabía del todo en esa época, pero la primera parece marcar la pauta, para que seres o manifestaciones extra terrenales sean libres y la ultima les obliga a regresar por donde vinieron. Por cierto, también aprendí que un gallo puede ser un gran aliado.
Nunca más después de esa noche y hasta el día de hoy volví a vivir una experiencia similar, tuve diferentes vivencias, pero nada como esto, quizá algún día me sea obligado enfrentar de nueva cuenta a ese rival que en mi juventud no tuve la fuerza o el conocimiento necesario para confrontar. Quien sabe, la vida está llena de misterios.
Bien caminante, esto ha sido todo cuanto tengo que contar acerca de esta historia, espero y haya sido de tu interés, así como también espero que volvamos a conectarnos pronto, en este pequeño rincón del tiempo y el espacio, tú y yo. Hasta la siguiente. Y sigue caminando.
De México hasta la Patagonia, hay miles de historias paranormales por contar y yo me he dado a la tarea de buscarlas para compartirlas con el mundo hispanohablante. Narradas directamente por quienes vivieron los sucesos más aterradores e inexplicables en propia piel.
Tu opinión es prioridad.
TU OPINIÓN ES PRIORIDAD:
"Querido caminante, es para mí de suma importancia que brindes tu opinión a cerca de todo cuanto sea publicado por medio de este blog. Comparte tus impresiones, comentarios y sugerencias conmigo, te lo agradeceré enormemente pues la retro-alimentación será la clave para que este recorrido a través de los caminos al más allá, sea lo mejor posible".
Gracias.
Jarlo Sancu.
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29 de junio de 2017
Risas de media noche.
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Colima, Col., México
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